viernes, 25 de septiembre de 2009

Juan Ramón Quintás Seoane, C.V.


Nació en 1943, está casado y tiene dos hijos.

Es Doctor en Ciencias Económicas (Premio Extraordinario) y ha cursado el “Programa de Dirección General” en el IESE y los de “Mathematical Methods in Investment and Finance” y “Mathematical Models of Action and Reaction” en la International School on Mathematical Systems Theory.

Desde 1971 es Catedrático Numerario de Universidad y su actividad académica, primero como Director del Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Santiago y, más tarde, hasta 1994, como miembro del de Análisis Económico de la Universidad de A Coruña, se ha desarrollado en los campos de la Teoría Económica, la Economía Aplicada y, muy especialmente, las Finanzas.

Ha sido Presidente del Consejo de Administración de la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Galicia (SODIGA), Director General Adjunto de Caixa Galicia, Miembro de la Comisión Ejecutiva de ENDESA y Miembro de su Consejo de Administración, así como Consejero Electivo de Estado.
En 1994 es nombrado Director General de la Confederación Española de Cajas de Ahorros siendo elegido como Presidente de la misma en mayo de 2002 y reelegido en mayo de 2006.

Es también Presidente del Patronato de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), pertenece a la Comisión Gestora del Fondo de Garantía de Depósitos en Cajas de Ahorros, a la Comisión Ejecutiva y Consejo de Administración de LICO CORPORACION, así como a la Comisión Delegada y al Consejo de Administración de CASER y a la Comisión Ejecutiva y al Consejo de Administración de AHORRO CORPORACION.

También es Vocal del Comité Ejecutivo y de la Junta Directiva de la CEOE, así como de su Asamblea, Miembro Numerario de la Academia Galega de Ciencias, Patrono Vocal de la Fundación Carolina, Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Reina Sofía y Patrono de la Fundación de Estudios Financieros.
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En 2003 fue galardonado como Madrigallego de Oro 2003 al mérito empresarial por la Enxebre Orde da Vieira.

Juan Ramón Quintás visto por Siro

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Juan Ramón Quintás Seoane premio Victoriano Reinoso 2009

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Foto: Alberto Carrasco
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El día 17 de noviembre, la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid (Aegama) hará entrega de su prestigiosos premio Victoriano Reinoso a Juan Ramón Quintás Seoane.

El premio, actualmente en su cuarta edición, fue instituido para premiar a aquellos empresarios gallegos que hayan destacado tanto en su trayectoria profesional como en su amor y dedicación a Galicia. En sus ediciones anteriores el premio recayó en Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, Carlos González, ex presidente de Deloitte, y José Manuel Loureda Mantiñán, fundador y ex presidente de Sacyr Vallehermoso.

Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), es ya madrigallego destacado, habiendo sido galardonado como Madrigallego de Oro 2003 al mérito empresarial por la Enxebre Orde da Vieira.

Ese día, 17 de noviembre, os esperamos a todos para rendir merecido homenaje a este gallego insigne. Podréis encontrar más información aquí en sucesivos "posts".

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Enlaces con webs de contenido "madrigallego":

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Mientras esperamos a que un nuevo "madrigallego" ocupe este lugar, te recomendamos que sigas en contacto con el mundo de los gallegos en Madrid visitando páginas como:

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Y, si te gusta viajar, te recomendamos que te des una vuelta por:
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martes, 19 de mayo de 2009

¿Cómo llegar?

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Para ver la localización de la iglesia, del restaurante y cómo llegar de uno a otro pulsa AQUÍ o en el propio mapa.

viernes, 8 de mayo de 2009

Homenaje Mons. Rouco: Menú que nos servirá Eurostars Madrid Tower


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Aperitivo (salones plantas 28 a 30):
Croquetas de Jamón Ibérico
Buñuelos de Bacalao
Daditos de Tortilla de Patatas
Variedad de Queso
Olivas del Sur
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Bodega:
Vino Blanco Terramundi Albariño
Vino Tinto Viña dos Seixas
Cava Parés Baltá Brut Nature
Aguas Minerales
Refrescos
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Almuerzo (Gran salón Brcelona):
Bisqué de Bogavante con Tartar de Langostinos
Buey de Mar relleno de Changurro tratado como una Ensalada
Meloso de Ternera con Patata de Xinzo y Reducción de Ribeiro
Tarta de Santiago
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Bodega:
Vino Blanco Terramundi Albariño
Vino Tinto Viña Dos Seixas
Cava Parés Baltá Brut Nature
Aguas Minerales
Refrescos
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HAGA YA SU RESERVA escribiendo al correo madrigallegos@gmail.com o en el teléfono 91 556 2379. Por favor, no acuda al acto sin reserva previa.
Encontrará más información en la entrada "preguntas y respuestas".

Asociaciones gallegas convocantes del homenaje a Mons. Rouco

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Centro Gallego de Tres Cantos
Centro Gallego Noroeste de Madrid
Centro Gallego Sierra de Madrid
Club de periodistas Gallegos en Madrid
Enxebre Orde da Vieira
Federación de Asociaciones Gallegas de Madrid
Grupo Cultural "Galicia en Madrid"
IURISGAMA - Asociación de Juristas Gallegos
Xuntanza da Capital da Terra Cha
Xuntanza de Galegos en Alcobendas

Si perteneces a una asociación gallega en Madrid que no está incluida en la lista anterior y deseas participar, por favor, ponte en contacto con nosotros a la mayor brevedad posible escribiéndonos a nuestro correo madrigallegos@gmail.com.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Preguntas y Respuestas

Incluímos aquí una pequeña lista de preguntas y respuestas que han sido enviadas por correo electrónico a las diversas asociaciones convocantes para su difusión.

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¿Por qué hacer un homenaje a Mons. Rouco?

  • Porque muchos de nosotros compartimos con él nuestras raíces cristianas y gallegas.
  • Por sus 50 años de un servicio y ministerio convencido a la iglesia española y universal.
  • Por haber reavivado la tradición de las peregrinaciones a Compostela y trabajar por mantener viva la memoria del Camino.
  • Por su talento, talla y profundidad intelectual.
  • Por su brillante currículo académico y su magnífica trayectoria docente

¿Por qué asistir al homenaje a Mons. Rouco?

  • Porque será una buena ocasión para mostrar nuestro respeto y cariño por este gallego tan humano e ilustre a la vez.
  • Porque nos permitirá participar en una demostración de nuestro orgullo de ser gallegos y madrileños a la vez.
  • Porque tendremos la oportunidad de reencontrarnos con viejos conocidos y hacer nuevas amistades.
  • Porque estarán con nosotros más de medio centenar de gaiteiros que nos van a deleitar con su música y su arte.
  • Porque además, es una buena ocasión para conocer el “nuevo Madrid” de los negocios, uno de los sitios más emblemáticos de Europa.
  • Porque sólo cuesta 50 euros y tendremos aparcamiento gratuíto (dispondremos de cerca de 200 plazas en el propio hotel).
  • Porque, en fin, nos lo vamos a pasar muy bien.

¿Dónde encontrar más información?

Aquí, en http://madrigallegos.blogspot.com/, sobre:

  • Nuestro homenajeado: Currículo, entrevista, artículos varios, etc.
  • La Parroquia Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, en donde se celebrará la eucaristía.
  • El restaurante (de la cadena hotelera Hotusa), donde tendrá lugar el homenaje.
  • La lista de asociaciones convocantes.
  • Planos de acceso tanto a la iglesia como al restaurante (en los próximos días).
  • Horarios, precio, etc.

A través del correo madrigallegos@gmail.com

A través de las diferentes asociaciones y colectividades gallegas convocantes del homenaje.

¿Cómo llegar a la iglesia?

  • La Parroquia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz se encuentra en la Senda del Infante, nº 22. En el blog podremos encontrar un mapa de situación.
  • La estación de metro más próxima es Lacoma, línea 7.
  • Las líneas de buses que podemos utilizar son: 49 (Pza. Castilla-Arroyo del Fresno); 64 (Gta. C. Caminos-Arroyo Fresno); 133 (Pza. Callao-Mirasierra); 134 (Pza. Castilla-Montecarmelo).

¿Cómo llegar al restaurante?

  • El restaurante se encuentra en el Hotel Eurostars Madrid Tower, en el Paseo de la Castellana, nº 261.
  • En el blog podremos encontrar un mapa de situación.
  • La estación de metro más cercana es Begoña, línea 10.
  • Las líneas de buses que podemos utilizar son: 66 (Gta.Cuatro Caminos-Fuencarral); 67 (Pza.Castilla-Barrio Peña Grande), 80 (Pza.Castilla-Est.Chamartin); 124 (Gta. de Cuatro Caminos-Lacoma); 129 Pza.Castilla-Manoteras); 132 (Moncloa-Hospital La Paz); 134 (Pza.Castilla-Montecarmelo); 135 (Pza.Castilla-H.Ramón y Cajal); 137 (Cda.Puerta Hierro-Fuencarral); 147 (Pza.Callao-Bº del Pilar); 150 (Pta.del Sol-Virgen del Cortijo); 173 (Pza.Castilla-Sanchinarro); 174 (Pza.Castilla-Sanchinarro Este); 176 (Pza. de Castilla-Las Tablas); 178 (Pza.Castilla-Montecarmelo); SE704 (Pza.Castilla-Cement. Fuencarral).

Y si vamos en coche ¿dónde aparcamos?

  • El Hotel dispone de cerca de 200 plazas de aparcamiento.
  • Los tiques de aparcamiento son gratuitos a partir de la compra de tres tiques de entrada, pero es obligatorio reservar.
  • Podrán solicitarse a través del correo madrigallegos@gmail.com .

¿Cómo hacer las reservas?

A través de vuestras asociaciones o en las oficinas de Aegama:

  • Ingresando su precio (50 euros por persona) en la cuenta de Caixa Nova núm.: 2080 0590 03 0040003119, o por transferencia bancaria a la misma cuenta (deberá indicarse la referencia “Homenaje Mons. Rouco”) y enviando el correspondiente justificante por cualquier medio que deje constancia (correo, fax, vía electrónica, etc.) a la asociación que os vaya a facilitar el tique, o al correo madrigallegos@gmail.com, o al fax: 91 556 40 23.
  • Pago en efectivo en las oficinas de Aegama en la C/ Orense, 10 2ª plta. (tel: 91 556 23 79)

En todo caso, la compra del tique de entrada deberá hacerse ANTES DE 18 DE MAYO.

¿Cómo difundir el evento?

  • Por correo, reenviando la convocatoria cuyo modelo os hemos enviado.
  • Dando a conocer nuestro blog ( http://madrigallegos.blogspot.com/) y correo electrónico (madrigallegos@gmail.com).
  • Poniendo enlaces directos al blog y correo electrónico en vuestras páginas web.
  • Publicando una reseña del evento en vuestras publicaciones o revistas.
  • Comunicándolo verbalmente a toda persona que pueda estar interesada en asistir.
  • De cualquier otro modo que nos permita llegar al máximo número de gente posible.

¿Un consejo?

Bueno, mejor tres:

  • No dejéis la reserva parar el último momento, ¡puede que ya no haya plazas!
  • Procurad reservar mesas completas (8 a 10 personas) y así estaréis juntos.
  • Echad un vistazo al blog muy a menudo para que no os perdáis ninguna información de última hora.

martes, 5 de mayo de 2009

Ángel Paz: Aquel día de 1959...

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La misma ilusión

El 28 de marzo de 1959, monseñor Francisco Barbado Viejo, obispo de Salamanca, nos confirió el Presbiterado a 28 compañeros del Colegio Mayor San Carlos de la Universidad Pontificia de Salamanca; entre ellos, se encontraba quien hoy es el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. El marco era incomparable: la catedral vieja de Salamanca. También era de una gran belleza y significado la ceremonia litúrgica: durante la celebración de la Vigilia Pascual. En las Bodas de Oro sacerdotales, los recuerdos se sedimentan, se adensan y van a lo esencial. Eso me sucede en estos momentos y pienso que lo mismo sucederá al señor cardenal.
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Recuerdo muy bien el día y la hora de nuestra ordenación. A las siete de la tarde, en una tarde luminosa y fresquita, aguardábamos en la puerta de la catedral, con nuestras vestiduras litúrgicas, llenos de agradecimiento y de esperanza: la esperanza de un sacerdocio vivido fielmente en el servicio a la Iglesia. Todo, también el ambiente pascual que ya comenzaba a respirarse, nos llamaba al optimismo, quizás un poco insensato, pero bastante acertado, de la juventud. La ordenación fue una ceremonia larga y solemne que duró hasta más allá de la medianoche: se siguió el rito establecido por Su Santidad Pío XII y, además, junto a los colegiales del San Carlos, se ordenaron muchos estudiantes más. Creo que todos los que nos ordenamos en aquella noche bendita hemos vuelto los ojos del alma a ella, pidiendo a Cristo resucitado su alegría, intentando que nuestro sacerdocio tuviese la misma confianza pascual con que comenzó. Seguro que el señor cardenal habrá recurrido más de una vez a la luz pascual de nuestra ordenación, cuando las tinieblas de nuestra época hacían especialmente delicado su ministerio episcopal.

Mirando hacia atrás.
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Al escribir estas líneas sobre nuestra ordenación sacerdotal, los recuerdos no se detienen en ella, sino que me llevan hasta nuestra niñez en Galicia en tiempos de tantas privaciones. Era el mes de agosto de 1946 cuando, lleno de morriña y de temor a lo desconocido, ingresé en el Seminario Menor de Lorenzana. La primera persona que vi fue un muchacho, jugando a la pelota en el claustro de aquel viejo monasterio benedictino convertido en Seminario Menor. Resultó ser Antonio María Rouco Varela. Antonio tenía entonces una gran afición al fútbol. No sé cómo se las arreglaba para conseguir, cosa nada fácil en aquellos tiempos, el periódico o el Marca; desde luego, seguía los acontecimientos futbolísticos con verdadera pasión.Poco a poco, fuimos descubriendo que Antonio María estaba siempre alegre, que conectaba con todos los compañeros, que era muy inteligente, que tenía una bondad natural extraordinaria, y que otra de sus principales aficiones era la lectura y tenía una notable capacidad de concentración en ella, hasta el punto de que no era fácil distraerle. El campo de sus intereses abarcaba un arco muy amplio.
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En el curso cuarto de Humanidades, caía yo gravemente enfermo del pulmón, aquellas enfermedades tan temidas en los años de posguerra y hambre, y perdí aquel curso. Lo que me resultó más doloroso fue el tener que dejar a mis queridos compañeros. A esas edades eso se siente como un penoso destierro. Pero, por fortuna, al llegar al Colegio San Carlos de Salamanca para cursar Teología en la Universidad Pontificia, encontré allí a don Antonio Rouco que empezaba entonces el segundo curso de Teología. Recordaré siempre que, desde el primer momento, se puso a mi disposición y me dijo algo así: «No te preocupes, yo lo pasé mal aquí los primeros días, pero te ayudaré para que a ti no te suceda lo mismo». Y, efectivamente, estuvo pendiente de mí los primeros días y me introdujo en el grupo de sus compañeros y amigos. He de confesar que, gracias a él, todo me resultó muy fácil.
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Él era ya sumamente apreciado por sus condiscípulos. Sobresalía su carácter afable, alegre, con sentido del humor, bondadoso, siempre delicado. Y, desde luego, lleno de una prudencia exquisita. Soy testigo de su extraordinario interés por la formación teológica, de su celo apostólico, de su piedad profunda y recia, de su preparación e ilusión ante las sagradas órdenes. Seguía, ahora a nivel teológico, con el mismo interés por la cultura y por los ensayos teológicos. En esos años, Salamanca era un auténtico hervidero cultural: eran los años de Incunable, de los cursos de cine de José Luis Martín Descalzo, de Film Ideal, del Premio Nobel de Albert Camus, de los teatros leídos...
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Ordenación sacerdotal
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Y llegó el tan ansiado día del paso definitivo, en el que habíamos soñado desde los lejanos años del Seminario de Lorenzana. Ese día, más bien esa tarde, nos entregamos al Señor con la ilusión de servir a la Iglesia dónde y cómo ella quisiese. Éramos lo suficientemente insensatos, santamente insensatos, como para firmar al Señor un cheque en blanco sin temor alguno a los sinsabores que pudiese traernos nuestro ministerio. ¡Gracias a Dios! Y, desde luego, los muchos años de trabajos no nos han hecho perder nuestra ilusión primera. Pusimos nuestro sacerdocio a los pies de la Virgen, encomendamos a ella que nos alcanzara la gracia del Espíritu Santo para mantenernos en la palabra dada..., y ella, no nosotros, nos ha hecho cumplir la palabra que dimos aquella tarde y acercarnos al Señor cada mañana con una juventud de espíritu renovada: Introibo ad altare Dei, -ad Deum qui laetificat juventutem meam...
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Ángel Paz Gómez. Vicario judicial de Mondoñedo-Ferrol
Reproducido con autorización del semanario “Alfa y Omega” Nº 634 / 26-III-2009

martes, 28 de abril de 2009

Bendición de la parroquia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz

La eucaristía del día 23 de mayo tendrá lugar en la parroquia de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz. Curiosamente, la ceremonia de inauguración de esta parroquia fue presidida por Mons. Rouco Varela en el año 2002. Recuperamos la noticia de tal acontecimiento tomándola de la Agencia de Noticias del Arzobispado de Madrid.
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Madrid. Infomadrid, 17-12-2002.
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El domingo, 15 de diciembre, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió la ceremonia de inauguración y bendición de la nueva Parroquia, situada en el Barrio de Arroyo del Fresno, c/ Senda del Infante, 22, que está dedicada a Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
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Esta nueva parroquia nace con motivo del crecimiento que ha experimentado la zona en los últimos años y como ayuda y relevo en este lugar a la Parroquia de San Víctor. En la inauguración, estuvieron presentes el alcalde de Madrid, D. José María Álvarez del Manzano, la concejala Nieves Sáez, los arquitectos y aparejadores encargados de la construcción, numerosos sacerdotes y feligreses de parroquias de la zona.
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El Arzobispo de Madrid, en su homilía, se refirió a la vida ejemplar de Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, cuyo nombre antes de tomar los hábitos era Edith Stein. Alemana de nacimiento y judía de origen, perdió la fe de sus padres y se convirtió al cristianismo. Destacó de ella que fue una mujer moderna y avanzada para su época, estudió Filosofía en la Universidad, a principios del siglo XX, y más tarde impartió clases en ella.
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El Cardenal Rouco resaltó lo grandioso de esta mujer, que era "su alma en búsqueda". "Nunca había cesado de buscar la verdad", señaló, "y la verdad es una persona, es Jesús, es Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Salvador", a quien ella encontró más tarde cuando se convirtió al cristianismo mientras leía el libro de la vida de Sta. Teresa de Jesús. Fue tras su lectura cuando reconoció: "He encontrado la verdad". Al poco tiempo se bautizó, y poco después tomó los hábitos del carmelo. Y es en medio de la II Guerra Mundial, cuando los nazis la sacan de su convento y la llevan a un campo de concentración donde es asesinada.
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En referencia a la nueva parroquia dedicada a Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, señaló que es "todo un símbolo, (...) es como volver al centro de nuestras vidas y a comprender muy bien lo que significa la parroquia".
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A la nueva iglesia le corresponde la atención de casi 4.000 familias, y comenzará a desarrollar las actividades propias de una parroquia: Sacramentos, Catequesis de niños y jóvenes, atención y acompañamiento de ancianos y de emigrantes... Según las palabras de su párroco D. José Millán Calvo: "es ahora, cuando queda la gran tarea de construir la otra parroquia, la parroquia espiritual, que es la que más cuesta".

lunes, 20 de abril de 2009

Entrevista Mons. Rouco

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«Mi madre me pidió que fuera un buen sacerdote»

Don Antonio María Rouco celebra sus Bodas de Oro sacerdotales con «sentimiento de gratitud por la misericordia del Señor», que ha conducido su vida y su ministerio por caminos nunca sospechados. Al evocar ahora algunos recuerdos, habla de su madre, de sus años de Munich y también de su relación con los Papas... Confiesa que le costó aceptar su nombramiento episcopal, que necesariamente le apartaría de sus trabajos con la Escuela de Munich, que contribuyeron decisivamente a superar la crisis postconciliar del Derecho Canónico. Ser obispo -como le dijo Pablo VI- consiste en «portar la cruz»
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¿Qué sentimiento predomina en usted al cumplir 50 años de sacerdocio?
Predomina, sobre todo, la gratitud por la misericordia del Señor para con uno: misericordia paciente, misericordia desbordante... Me faltan los adjetivos. En segundo lugar, está la sorpresa. Desde niño quise ser sacerdote, pero todos los acontecimientos de mi vida sacerdotal hasta hoy han sido no previstos ni buscados. Muchas de las obligaciones, de las tareas y de los oficios recibidos han sido sorpresas providenciales.
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Sorpresas para lo bueno, ¿y también para lo doloroso?
Más bien para lo bueno. Para lo doloroso, hombre, en la vida siempre hay sorpresas dolorosas... La muerte de mi padre, cuando yo tenía 7 años, supuso un inciso grande y grave personal en la vida familiar...
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Su madre fue decisiva para usted...
Sí, sí. Tanto desde el punto de vista activo, como desde el punto de vista pasivo. No llegó a asimilar la muerte de mi padre. Le produjo un enorme disgusto del que nunca se recuperó, e incluso le originó una enfermedad.
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Usted le daría una gran alegría al hacerse sacerdote.
Pero no me vio de sacerdote. Me vio de seminarista. Y quien me llevó al seminario (menor), en taxi, a Villanueva de Lorenzana, fue el párroco, don Gabriel Pita de Veiga, porque mi madre no podía. Ella me animaba, pero también me advertía: «Si no vas a ser un buen sacerdote, es mejor que no lo seas». Eso me lo dijo muchos años. Siempre puso mucho cuidado en que yo fuese libre a la hora de permanecer en el seminario, y que tuviese muy claro que lo hacía para ser un buen sacerdote, o de lo contrario, era mejor que me volviese a casa. Cuando me vio habiendo recibido la tonsura, ya con la sotana puesta, se acabaron las advertencias.
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¿Si de estos 50 años tuviera que quedarse con un recuerdo, cuál sería?
¡Me quedaría con muchos recuerdos...! El día de la ordenación sacerdotal fue muy fuerte. Había terminado la licenciatura de Teología en el año 58. No me podía ordenar, porque aún no había cumplido los 22 años, y había pedido una beca para hacer el doctorado en la Universidad de Munich. Providencialmente, se perdió la documentación de la solicitud, y cuando llega el mes de septiembre, don José María Javierre, que era el Rector del Colegio Español de Munich y estaba al tanto de todo, me llamó por teléfono, y me riñó muchísimo... Don Jacinto Argaya, mi obispo, me ofreció varias posibilidades de estudio en Salamanca, y finalmente optamos por Derecho Canónico. Me empecé a preparar para la ordenación, y después don José María Javierre me contó que había en Munich un Instituto de Derecho Canónico muy bueno, y sugirió que volviese a pedir la beca para el año siguiente, pero, entre tanto, me pude ordenar.
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¿Qué recuerda de los Papas que ha conocido?
Conservo un gran recuerdo de Juan Pablo II y de todo lo relacionado con la Jornada Mundial de la Juventud en Santiago, de 1989. Tengo también un recuerdo entrañable de mi primera audiencia con Pablo VI, en 1970, con los obispos de Galicia, en Visita ad limina. Todos eran muy mayores, y yo muy joven, y al terminar se me acercó el Santo Padre, me cogió las manos y dijo: «Oh, un obispo tan joven... ¡Para portar la cruz!» A mí me había costado mucho aceptar el nombramiento episcopal. Fue como una especie de renovación de la vocación sacerdotal, una especie de segunda llamada y de segunda aceptación. La noche anterior, no pegué ojo. La ordenación sacerdotal, sí. Yo estaba encantado... De Benedicto XVI, también tengo un intenso recuerdo del Cónclave... Un recuerdo muy intenso y muy hondo. El saludo al Papa fue de una gran emoción personal.
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Acaba de estar con él. ¿Qué le ha dicho el Papa?
Me dijo: «¡Nos vamos a ver el domingo de Ramos!»
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¿Y sobre sus Bodas de Oro?
Me ha escrito una carta. Y si Dios quiere, tendremos una audiencia con él en Semana Santa, con todos los jóvenes que van a Roma a recoger la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud.
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¿Por qué no quería ser usted obispo?
¿Por qué iba a querer yo ser obispo? Yo tenía 39 años, y estaba encantado con ser profesor en Salamanca, y con todos nuestros empeños, en la Escuela de Munich, de dar un giro nuevo teológico a la concepción del Derecho Canónico, incluso para superar la gran crisis postconciliar del Derecho Canónico. Éramos un grupo internacional entrañable e interesante que creo que hizo un servicio enorme a la Iglesia en esos años. Y eso me apasionaba.
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¿Cómo vivió usted los años del Concilio en Munich?
En la vivencia de la historia personal de mi generación sacerdotal hay un acontecimiento absolutamente epocal y singular que es el Vaticano II, y después el post Concilio. En 1959, yo era un estudiante de Derecho Canónico; celebraba la Eucaristía en una parroquia, al lado del Colegio Español de Munich, y estaba completamente inmerso en la vida de la universidad, pero con escapadas pastorales, para celebrar donde me mandaba don José María Javierre. Durante un tiempo, por ejemplo, atendí un hospital de religiosas... La noche que llegué me despertaron para atender a un enfermo que se estaba muriendo. Le di la Santa Unción, y sanó el señor, ¡y allí cogí yo una cierta fama...! Después, ya regularmente, atendí una pequeña capilla en los Alpes bávaros.
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¿A qué se refiere cuando habla de crisis postconciliar?
Es una forma de vivir el postconcilio en clave de ruptura, como ha dicho Benedicto XVI. Esa crisis se supera desde dentro de la Iglesia y a fondo con el pontificado de Juan Pablo II. Es verdad que ya con Pablo VI nos encontramos con doctrina, con elementos de gobierno pastoral de la Iglesia e iniciativas apostólicas que tienden a llevar a la Iglesia hacia una buena aceptación del Concilio, pero quien da el paso decisivo, en definitiva, es Juan Pablo II. Abre otra época en la historia de la Iglesia. Y lo hace de esta manera: volviendo a Cristo. Sus palabras, y no sólo su personalidad, marcan esa época de la historia de la Iglesia: «No tengáis miedo. ¡Abrid las puertas a Cristo!» Esto se traduce después en evangelización, y en nueva evangelización. Él mismo se hace protagonista directo de la acción evangelizadora y misionera de la Iglesia... Antes de 1978, en la Iglesia había una especie de movimiento interior que nos llamaba a vivir el Concilio a fondo y en clave positiva. Y a esto se añade el reto entonces del comunismo: un reto intelectual, un reto político, un reto de moral social, un reto de concepción de la vida y de la misión pastoral de la Iglesia... No en vano, hay dos Instrucciones sobre la teología de la liberación en los años 80, bajo la dirección del entonces cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En definitiva, se trataba de que la Iglesia se centrara en lo esencial de su misión, que es la evangelización. El cardenal Wojtila no surge de la nada. Y el nombre que elige como Papa, Juan Pablo, es también muy significativo.
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«El sacerdote debe centrarse en el amor a Cristo»
La celebración de las Bodas de Oro del cardenal Rouco está marcada por la proclamación de 2010 como Año Sacerdotal. El arzobispo de Madrid cree que estamos en un momento esperanzador, en el que despunta «un capítulo nuevo de la historia sacerdotal de la Iglesia»
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¿Qué deseo tiene usted, al llegar a los 50 años de sacerdote?
Desearía una nueva primavera sacerdotal. No sé si como la que vivimos hace 50 años, pero sí una primavera sacerdotal: del clero secular y también del religioso; a través de las antiguas Congregaciones y Órdenes, y a través de propuestas y de experiencias de vida nuevas.
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El día de sus Bodas de Oro sacerdotales, va usted a ordenar a varios sacerdotes en Madrid. ¿Qué puede decirles, desde su experiencia?
En Salamanca, teníamos una vocación sacerdotal muy centrada en la relación con el Señor. Y una gran carga de celo apostólico. Vivimos la ordenación con gran emoción apostólica, yo diría que más que pastoral. El ideal de nuestras vidas era la santidad sacerdotal. A los nuevos sacerdotes les diría lo mismo: tienen que centrarse en el amor a Cristo. Y tienen que centrarse en entregárselo a los demás, y en responder a ese amor dando la vida. Dar la vida significa tomar en serio el ideal de la santidad sacerdotal. Eso es de una fecundidad extraordinaria, y sin eso no hay fecundidad pastoral ninguna.
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Precisamente, el Papa acaba de anunciar la proclamación de 2010 como Año sacerdotal...
Nos lo anunció a los miembros de la Congregación para el Clero, la semana pasada, y nos sorprendió favorablemente. Ciertamente, lo recibimos con enorme gratitud. Creo, personalmente, que es algo providencial. Estamos en un momento, en la Iglesia, crítico, en el sentido etimológico y mejor de la expresión. Hay una generación nueva de sacerdotes en todo el mundo, también en los países occidentales, más tocados por la crisis espiritual que se vivió en el postconcilio. Estamos ante un capítulo nuevo de la historia sacerdotal de la Iglesia, marcado por un aumento de vocaciones clarísimo en los países de África, Iberoamérica y Asia, y por un descenso enorme, tremendo, de vocaciones y de envejecimiento del clero en Occidente, pero donde apunta ya una nueva generación sacerdotal que tiene poco que ver con las anteriores generaciones sacerdotales, del inmediato postconcilio, y que conecta bien con lo mejor, diría yo, de la espiritualidad sacerdotal que marcó nuestra experiencia sacerdotal, vivida en clave apostólicamente intensa, de los años 50.Que la Iglesia centre de nuevo su atención en el carácter imprescindible del sacerdocio ministerial es una gran gracia de Dios. Y que el Papa proponga la figura del gran cura de Ars, también. Si hay un tipo de cura con pocas cualidades humanas, con una personalidad marcada por una humildad y una sencillez sin límites, por una pobreza profundamente vivida y por una fecundidad apostólica increíble, es él. Su arma fue el sacramento de la Penitencia, donde se junta, por un lado, la gracia y el don del Sacramento, que es misericordia del Señor, y por otro, la miseria del hombre. La miseria más honda del hombre, de donde proceden después todas las demás, es perder todo contacto con Dios, por el motivo que sea. El sacerdote le acerca a la persona de Cristo, y a la faceta más esencial de la obra redentora del Señor, que es el amor misericordioso. Por eso creo que es providencial el Año, y tendremos que aprovecharlo a fondo. Muy sintomáticamente, el Papa ha elegido como día del comienzo del Año la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
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Reproducido con autorización del semanario “Alfa y Omega” Nº 634 / 26-III-2009

jueves, 16 de abril de 2009

Andrés Ramos: En el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de D. Antonio Mª Rouco


El 28 de marzo de 1959, hace exactamente cincuenta años, el gallego D. Antonio Mª Rouco Varela, era consagrado sacerdote de Jesucristo. La Archidiócesis de Madrid ha querido celebrar un homenaje de acción de gracias a Dios, justamente el pasado 27 y 28 de marzo. Hemos dado gracias con el Sr. Cardenal en esta gozosa efeméride de su ordenación sacerdotal. Han sido dos jornadas intensas que nos han dado la oportunidad de recordar, y sobretodo de agradecer, tantos acontecimientos vividos en estos años. La colectividad gallega en Madrid ha tenido también el deseo y la iniciativa de celebrar, desde el afecto y la amistad que nos une a la persona de D. Antonio, un sincero homenaje, pues, como gallegos y miembros de esta iglesia diocesana de Madrid, siempre hemos sentido la presencia, la cercanía y el afecto de su solicitud del pastor.

Especialmente importante me parece evocar algo que seguro todos nosotros compartimos con el Sr. Cardenal: nuestras raíces familiares y raíces cristianas, que tienen en la tierra gallega, una honda raigambre. Recordar lo que guardamos en la memoria y en el corazón: nuestra formación, la recibida en nuestras casas, en las parroquias y en las escuelas.
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He tenido la gran suerte de conocerle en mis años de formación, siendo él obispo auxiliar de Santiago de Compostela y después Arzobispo. Serán muchos los que merecidamente hablen de su abundante trayectoria vital, de sus estudios, de su impresionante currículo, de sus méritos y de su figura siempre cordial y fraterna. Pero yo quisiera destacar aquello que más me ha ayudado e impresionado: su amor fiel y entusiasta a Jesucristo, su audacia y valentía para anunciar la verdad de Jesucristo en cualquier lugar y en cualquier momento. Ha ido demostrando que es un ejemplo vivo de entrega generosa a Cristo y a su ministerio episcopal, en la fidelidad al trabajo de cada día, y en el optimismo de una firme esperanza en Dios y en la Iglesia. He ido percibiendo en él que es un hombre de fe y de una gran confianza en el Señor, especialmente en los momentos difíciles y que está entregando su vida a la Iglesia desde un gran amor por ella. Su preocupación y desvelo por transmitir el Evangelio, sobre todo a los jóvenes y a las familias, son una constante en su vida y un estímulo para todos nosotros.
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Al celebrar las colectividades gallegas de Madrid este homenaje, queremos manifestar nuestro afecto y adhesión a quien nos preside en nombre del Señor. Y queremos que sepa, Sr. Cardenal, que cuenta con nuestra amistad y oración. Gracias por estos 50 años de sacerdote. ¡Muchas felicidades! Y que Dios le siga dando muchos años de vida para poder contar con el don de su testimonio y de su entrega sin reservas.
Enviado por el P. Andrés Ramos

viernes, 3 de abril de 2009

Enrique Cal Pardo: "50 años de sacerdocio"

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Los mayores vivimos de recuerdos. Nos olvidamos del presente, para limitarnos a unos cuantos retazos del pasado. Pero también éstos se van desdibujando poco a poco. Alguno, no obstante, se conserva con frescura en la mente. Entre los recuerdos de mis años de profesor y formador joven del Seminario de Mondoñedo, persiste uno con rasgos destacados: es el de aquel seminarista niño y adolescente a quien todos llamaban Tucho (Antonio Mª) Rouco Varela. La mayoría de los seminaristas eran –y fuimos- hijos del ambiente rural. A él se le notaba un no sé qué de hijo de villa. Así era: de Villalba (de Lugo).
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La vida del seminario de aquel entonces, en la que él estaba sumido, era de oración –quizá demasiado intensa para la edad de un niño o adolescente- y estudio, con sus recreos, juegos, preferentemente el fútbool, con sus paseos de jueves y domingos, en los que los alumnos semejaban una serpentina zigzagueante, debida al color rojo de sus becas y la borla de sus bonetes, en contraste con el negro de sus sotanas. Por aquel entonces el tráfico por las carreteras de acceso a Mondoñedo no impedía que pudiesen desfilar de dos en fondo, hasta llegar a un lugar acogedor, que permitiese detenerse y descansar un rato.
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No eran aquellos tiempos años de abundancia en los seminarios. Para paliar un poco esa deficiencia, me imagino que en las bolsas de ropa limpia que semanalmente recibía (y que le hacía llegar Suso de Federico desde Villalba), le llegaba, además del mimo de su madre, algún producto alimenticio. Como quiera que las cartas que escribía a sus padres y remitía en las bolsas de la ropa no pasaban por las manos de los formadores –llamados entonces superiores- no puedo certificar de la frecuencia de las mismas. Lo que sí recuerdo es que escribía con cierta frecuencia a un hermano policía, que se hallaba en un puesto fronterizo con Francia, Canfranc, si mal no recuerdo.
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Otra característica de de la vida del seminario en aquellos años era la presencia de obras realizadas con las que se fue incrementando el edificio, las cuales no siempre facilitaban la vida comunitaria, sino todo lo contrario: los ruidos molestaban sus oídos e impedían su concentración y el polvo llenaba sus sotanas Pero estas obras, de vez en cuando, proporcionaban la fiesta del estreno de algún pabellón nuevo, lo que les permitían romper un poco la monotonía de todos los días.
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Los libros ocupaban todas sus horas de estudio de nuestro protagonista; de su atención y actividad en las clases daban fe sus profesores y las notas que a fin de mes iba a recoger de manos del rector. A no dudarlo, siempre escuchaba de los labios de éste la misma frase: “Muy bien, sigue por ese camino”. Los estudios no le obligaban a estar siempre inclinado sobre los libros. Le permitían seguir con detalle la marcha de la Liga de fútbool; si bien ignoro si lo hacía siempre con medios del todo legítimos.
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A través de la clase de segundo curso de Lengua Griega, en la que me tuvo de profesor, comprendí sus relevantes cualidades intelectuales. Y mi opinión era compartida por todos los demás profesores. Pero un pequeño detalle hizo darme cuenta de que atesoraba otras cualidades, como eran las musicales. Un verano se propuso aprender a tocar el piado. Cuando regresó al seminario en el mes de octubre, pude percatarme de que poseía un notable dominio del piano, como si le hubiera dedicado un curso completo. Así iban aflorando, cada vez con más claridad, sus cualidades, tanto intelectuales como musicales.
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Terminados en Mondoñedo los estudios de Humanidades y Filosofía, marchó a Salamanca, a cursar los estudios teológicos. De allí, a Múnich, en donde obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Volvimos a encontrarnos en los dos años en que ambos explicábamos Teología en el seminario mindoniense. Vuelve de profesor a Múnich y, más tarde, se incorpora a la Universidad de Salamanca. Volvimos a coindicir en Santiago, primero, en la primera sesión del Concilio Gallego. Más tarde, nos volvimos a encontrar en la Ciudad del Apóstol, él en condición de Obispo Auxiliar, primero, y de Arzobispo titular, después, mientras que yo impartía unas clases en el Instituto Teológico Compostelano de la misma localidad.
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La formación y docencia de alumnos tiene momentos difíciles y de grandes sinsabores. Pero cuando uno vuelve la vista atrás y descubre entre sus pasados alumnos a un Cardenal de la Iglesia, se da todo por bien empleado. Por eso hoy mi alma se inunda de alegría.
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No he tenido la suerte de acompañarle en el momento de su ordenación sacerdotal y primera Misa. Por eso, cincuenta años más tarde, acepto gustoso la invitación de participar en los actos de sus Bodas de Oro Sacerdotales, siquiera sea a través de estas sencillas líneas, con las que quisiera significarle todo mi afecto, mis mejores deseos y augurios y mi más profunda gratitud por la confianza que depositó en mí en ciertos momentos.
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Que en estos días pueda rememorar con alegría desbordante todos aquellos sentimientos que inundaron su alma sacerdotal en el momento de su ordenación y primera Misa.
Enrique Cal Pardo
Doctor en teología
Canónigo de la catedral de Mondoñedo